domingo, 25 de abril de 2010

Vence la luz



Estatua de Hércules combatiendo al monstruo Achelous, en el Museo del Louvre, París

Y llegamos al final de la magistral Quinta sinfonía de Beethoven. El cuarto movimiento, el Allegro en Do Mayor, comienza prácticamente sin pausa tras el tercero de ellos, y donde por fín podemos ver la representación de el triunfo: el héroe simbólico sale de la oscuridad y se eleva hacia la luz. En la coda se resuelve la inestabilidad psicológica anterior y en el plano musical, la melódica, armónica y rítmica. Después del caos, viene el orden.....después de la tempestad, viene de nuevo la calma. Todo tiene un orden y se cierra el círculo.

Amedeo Poggi y Edgar Vallora nos dicen que la Quinta representa la cima de la maestría técnica y del pensamiento filosófico. Para los románticos, la música instrumental adquirió un nuevo valor al representar una manifestación de lo místico, ya que la palabra era considerada demasiado racional. La música había sido hasta entonces la última entre las artes y a partir de ahora tendría la característica de «lenguaje absoluto». Hoffmann vió en la Quinta «el imperio de lo colosal, de lo inmenso, descubierto por el genio de Beethoven. Allí reina el dolor del deseo infinito, en que todo placer, nacido de alegres notas, zozobra y muere». Para Wagner su concepto de aspiraciones infinitas tiene un sentido más general y ajeno al «tormento del amor» erróneamente entrevisto por Hoffmann. Cuando Lesueur, maestro de Berlioz, escuchó la Quinta dijo: «No debe hacerse música como ésta», a lo que su discípulo contestó: «Tranquilícese, querido maestro, no se hará mucha».......



No hay comentarios: